Como todos los años, cerca del 30 de agosto comienza a hablarse en las calles de Abasto y en gran parte del país de la llamada tormenta de Santa Rosa. Este fenómeno está rodeado de tradiciones, historias religiosas y explicaciones científicas que se entrelazan en el imaginario popular.
El origen del nombre se remonta a la figura de Santa Rosa de Lima, cuya festividad se celebra el 30 de agosto. La tradición católica cuenta que, cinco días antes de la procesión en su honor, en Lima (Perú) se desató una fuerte tormenta que dispersó a un grupo de invasores. Desde entonces, cada año se asocia una gran lluvia con la santa.
Desde la ciencia, la explicación es diferente. A fines de agosto, en el hemisferio sur se produce una transición entre el invierno y la primavera. Esa variación genera condiciones de inestabilidad atmosférica, con encuentros de masas de aire frío y cálido, lo que favorece la formación de tormentas intensas.
Los meteorólogos señalan que no siempre se da una tormenta exactamente el 30 de agosto, pero sí es frecuente que, dentro de los días previos o posteriores, se registren lluvias y tormentas de magnitud.