Seguramente más de una vez escuchaste la recomendación: “si te queda poca nafta, andá más despacio para que rinda”. El consejo suena lógico, pero detrás de este mito hay varios factores técnicos que conviene entender.
Lo primero a tener en cuenta es que el consumo de combustible depende principalmente de las revoluciones del motor (RPM). A mayor exigencia, como acelerar de golpe, mantener velocidades muy altas o circular con marchas bajas durante mucho tiempo, más nafta se gasta. Sin embargo, eso no significa que ir más lento siempre sea la mejor estrategia.
Los especialistas señalan que cada vehículo tiene una velocidad de consumo óptimo, que suele estar entre los 80 y 100 km/h en ruta, donde el motor trabaja en un rango de revoluciones eficiente y con menor gasto. En ciudad, mantener una conducción suave, con cambios progresivos y evitando frenadas o aceleraciones bruscas, es la clave para que el tanque dure más.
Entonces, ¿qué pasa cuando queda poca nafta? La recomendación es conducir de forma pareja, sin aceleraciones innecesarias, y evitando tanto los excesos de velocidad como ir demasiado despacio en marchas bajas, ya que en ese caso el motor trabaja forzado y puede incluso consumir más.
En otras palabras: no se trata de ir lento, sino de ir a una velocidad constante y moderada, dentro de un rango de revoluciones estable. Esa es la forma más efectiva de estirar los kilómetros que quedan en el tanque.
El mito, entonces, tiene parte de verdad: lo que hace rendir la nafta no es la baja velocidad en sí, sino una conducción eficiente, con el motor trabajando en equilibrio y sin exigencias innecesarias.