La torpeza en los perros no es un defecto, sino una característica que muchas veces arranca carcajadas y suma puntos de ternura. Existen razas que, por su contextura física o su carácter juguetón y atolondrado, suelen destacarse en este ranking no oficial de los más patosos.
El Basset Hound, con sus orejas largas y su andar pesado, suele enredarse solo, tropezando con sus propias patas. Otro candidato indiscutible es el Bulldog Inglés, que gracias a su cuerpo robusto y su respiración agitada, a veces parece calcular mal cada movimiento. Por su parte, los Golden Retriever jóvenes son célebres por su entusiasmo desbordante: corren sin medir consecuencias, se chocan contra muebles o terminan con el hocico dentro de un balde.
Sin embargo, muchos coinciden en que el gran campeón de la torpeza es el San Bernardo. Estos gigantes, conocidos por su nobleza y bondad, suelen tener un crecimiento rápido que los hace parecer desproporcionados en su juventud. Así, entre patas enormes, colas que barren todo a su paso y un tamaño que a veces supera su propio equilibrio, se ganan la medalla al perro más torpe.
Lejos de ser un defecto, la torpeza canina es una de las cualidades más celebradas por sus dueños. Al fin y al cabo, ¿qué sería de la vida sin esos momentos en que un perro tropieza, se sacude, y nos regala una mirada que parece decir: ¿y ahora qué hice?