Las casas modulares fabricadas en China comenzaron a despertar un fuerte interés en la Argentina por una característica que las distingue del sistema tradicional: pueden comprarse por Internet, viajar dentro de un contenedor y quedar instaladas en apenas una hora.
Estas viviendas se fabrican de manera industrial y permiten personalizar aspectos como la cantidad de ambientes, los materiales y las terminaciones antes de salir de la planta. Una vez terminadas, son enviadas por vía marítima hasta el país donde serán instaladas.
Si bien el precio de fábrica resulta atractivo, el costo final es considerablemente mayor. Una vivienda de alrededor de 100 metros cuadrados puede costar entre 18.000 y 35.000 dólares en origen, pero al sumar el transporte internacional, los impuestos, la importación, el despacho aduanero, la preparación del terreno y el montaje, la inversión puede ascender a entre 45.000 y 80.000 dólares.
Uno de los casos que más llamó la atención fue el de una familia argentina que importó una vivienda de 72 metros cuadrados. La estructura llegó en un contenedor, fue desplegada en aproximadamente una hora y, tras algunos días de trabajos de terminación y conexiones, quedó lista para ser habitada.
Aunque este sistema todavía representa una pequeña parte del mercado inmobiliario argentino, especialistas aseguran que la demanda crece impulsada por la rapidez de ejecución, la posibilidad de personalización y la búsqueda de alternativas más económicas frente a la construcción tradicional.